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¿Realmente ser eco-friendly es más caro?
Uno de los mitos más comunes sobre el estilo de vida sostenible es que “ser eco-friendly es más caro”. A simple vista, muchos productos ecológicos parecen tener un precio más elevado, pero si analizamos su valor a largo plazo, la realidad es muy distinta. Comprar productos desechables, baratos o de baja calidad puede parecer una decisión económica, pero con el tiempo ese consumo repetido no solo genera un gasto acumulado, sino también un impacto ambiental significativo. En cambio, muchas alternativas sostenibles representan una inversión que se traduce en ahorro. Por ejemplo, una botella reutilizable reemplaza cientos de botellas de plástico y evita un gasto constante; lo mismo sucede con las bolsas de tela, que duran años y evitan el pago por bolsas cada vez que compramos. Lo eco-friendly no significa necesariamente gastar más, sino cambiar nuestra forma de consumir: elegir productos duraderos, reutilizables y de mejor calidad, que además de beneficiar al planeta, también cuidan nuestro bolsillo. Incluso acciones como hacer compostaje en casa o separar correctamente los residuos con contenedores adecuados pueden reducir costos indirectos, como la compra de abono o el pago de multas en ciertas ciudades. En lugar de enfocarnos únicamente en el precio, es importante pensar en el valor: el impacto positivo que nuestras decisiones tienen en el ambiente y en nuestra economía a largo plazo. Ser eco no es un lujo, es una decisión consciente que comienza con pequeños cambios en nuestro día a día. La sostenibilidad no es cara; lo verdaderamente costoso es seguir contaminando.